TORRIJAS DE SEMANA SANTA

Torrijas - Peña Andaluza La Gata

No hay fiesta popular que no asociemos a un dulce tradicional. Ahora que llega la Semana Santa es imposible no acordarse del bacalao en múltiples elaboraciones (encebollao, en albóndigas, buñuelos…) y, por supuesto, de las torrijas. Te explicamos paso a paso cómo hacer unas perfectas y jugosas torrijas de leche y vino para pasar una tarde de brasero, cartas y anisete con la familia (convivientes nada más, mientras dure la pandemia). Si te las quieres comer todas tú, no somos nadie para juzgarte. 

INGREDIENTES

(Para 14 torrijas, aproximadamente)

  • 14 rebanadas medianas (o una barra de pan para torrijas, que encuentras en cualquier supermercado, panadería o confitería en las fechas próximas a Semana Santa)
  • 450 ml de leche 
  • Vino dulce / Ron / Cointreau al gusto (entre 50 y 100 ml) (opcional)
  • 2/3 huevos
  • Aceite de girasol 
  • Azúcar blanca
  • Canela en polvo
  • Canela en rama
  • Piel de naranja
  • Piel de limón

Dificultad: Fácil

Tiempo de elaboración: 30 minutos

MODO DE PREPARACIÓN

Realmente, las torrijas no tienen gran dificultad. Si trabajas con orden en la cocina y con relajación, te saldrán estupendas. Si te entran los nervios, bébete una copita del vino que les vayas a echar.

El alcohol es opcional, pero les da muy buen gusto. Te hemos puesto tres opciones en los ingredientes para que te hagas una idea del tipo de espirituosos que mejor le vienen. Para elaborar las que ves en la foto hemos utilizado Cointreau porque su aroma a naranja casa muy bien con la aromatización que vamos a darle a la leche y porque teníamos una botella cogiendo polvo en la alacena. 

Comenzamos vertiendo la leche en un cazo o perola junto con una rama de canela y una monda o dos de piel de naranja y piel de limón. Ten mucho cuidado con no llevarte parte blanca de ninguna de las dos frutas para no darle amargor a la mezcla. Con un pelador lo consigues fácilmente. 

Ponemos la leche a hervir a fuego medio sin dejar de remover para que no se nos pegue al fondo. Cuando notemos que está bien caliente, añadimos el vino o espirituoso. Las torrijas del ejemplo llevan la bebida a ojo, un chorrillo generoso, pero si eres de esas personas que entran en pánico sin cantidades exactas, para una primera vez pesa 50 mililitros y para las próximas ya irás viendo si te apetece añadirle más o menos. Seguimos removiendo sin parar hasta que empiece a hervir. Apartamos corriendo del fuego y dejamos enfriar.

Mientras se enfría la leche aprovechamos para batir los dos o tres huevos (según el tamaño, piensa que tendrás que empapar todas las torrijas ahí) en un plato hondo o bol. Mezclamos en otro plato azúcar blanca con canela en polvo. Reservamos para cuando nos hagan falta.

Una vez enfriada la leche, la colamos en otro recipiente para deshacernos de la rama de canela y las pieles, así como posibles restos de nata que nos hayan podido aparecer (ya que vamos a comernos 14 torrijas no nos hemos auto engañado con leches desnatadas). 

Ponemos una sartén al fuego con aceite de girasol. Que nos perdone la industria del olivar (We’ve failed you), pero en caso de que seas muy purista del aceite de oliva te recomendamos alguno de baja acidez (en cualquier súper los hay de 0.2) porque sino puede comerse parte de la aromatización de la leche. Si la sartén no es muy grande, mejor. Así podrás tener un volumen suficiente como para cubrir media torrija sin desperdiciar mucho aceite. 

Ahora llega el momento de mayor precisión, vamos a mojar las rebanadas de pan en la leche. No puedes hacerlo extremadamente rápido para que no se te queden muy secas, pero tampoco pasarte y que se te acabe deshaciendo el pan. Un consejo nemotécnico: pon una rebanada sobre la leche y cántate mentalmente «yo iba de peregrina y me cogiste de la mano«, ahora dale la vuelta a la rebanada y termina la estrofa «me cogiste de la mano, yo iba de peregrina y me cogiste de la mano». No te adelantes al ritmo de la canción y te empaparán lo justo y necesario. 

De la leche pásalas directamente al huevo. Aquí, con un vuelta y vuelta es suficiente. Y, cuando el aceite esté bien caliente, ponlas al fuego.

Seguro que has visto miles de torrijas en tu vida. Ya sabes el color que tienen que alcanzar para tener un buen aspecto. Cuando las veas doraditas por un lado, dales la vuelta y que se terminen de freír por el otro. Cuando las saques, llévalas a un plato o bandeja con abundante papel de cocina para que absorba el exceso de aceite. 

Antes de que se enfríen del todo, rebózalas en esa mezcla que hemos preparado previamente de azúcar y canela. Hay gente a la que les gustan con miel o sin ningún aderezo. Todo esto va al gusto.

Que las disfrutes. Si te han quedado ricas, coméntanoslo en nuestras redes @andaluzagata